Historia de Noja para ninos




Vamos a dar un brevísimo repaso, porque no hay espacio para mas, a la Historia de esta villa de Noja. Historia que es muy importante que conozcáis, porque es la vuestra, y así podréis apreciar lo que tenéis ahora.
El primer documento en el que se habla de ermitas -como San Pedruco o San Juan de Ris-, y otros sitios y lugares de Noja es del ano 927. \ Hace mas de 1.000 anos!. Pertenece a la Edad que llamamos Media. Ya veis lo antigua que es esta villa, y sin embargo hoy esta mas joven que nunca porque ha avanzado, ha progresado mucho. Los monjes que habitaban esas ermitas y los criados que trabajaban sus tierras, empezaron a formar el pueblo de Noja. Ya se puede decir que Noja existe, que Noja forma parte de la Historia de Espana. Hasta ese momento todo lo que podemos hacer es suponer lo que pudo haber pasado aquí, pero sin poder asegurar nada a ciencia cierta.

En los alrededores de esos monasterios o ermitas se empezaron a formar los primeros núcleos de población o grupos de casas habitadas, en tres zonas distintas: en San Pedro, la actual iglesia, en San Juan de Ris y en Garbijos. Principalmente en este ultimo, en el que según la documentación antigua había varias ermitas, tal vez por que ese lugar estaba protegido de los malos vientos por los montes del Brusco, Mijedo y la sierra de Castillo, tenia un clima suave y templado, un frondoso y variado bosque que todavía no había sido talado, con las marismas al lado que les proporcionaban aves y pesca, Fuentes en las que coger el agua que necesitaban, un camino hacia la mar a través de la ría de Helgueras, una tierra fértil para el cultivo de sus huertos y un molino de marea para molturar o moler el grano.

Esas gentes formaron una sociedad que, con el paso del tiempo, me creciendo y organizándose social, política y económicamente a través de un concejo, parecido a lo que hoy llamamos ayuntamiento. El pueblo medieval estaba formado por casas repartidas por todo el territorio, reunidas en pequenos grupos que dieron lugar al nacimiento de los distintos barrios, que todos conocéis. Cabanzo, Fonegra, La Rota, Trengandin, Ris, Pedroso, Helgueras, etc.

La vida de esos habitantes fue la misma que la que vuestros padres, abuelos y muchos de nosotros hemos conocido, pues el cambio se produjo no hace tantos anos. Se alimentaban de los productos que cultivaban en sus huertas, de los árboles frutales, de la carne y la leche del ganado que tenían, y de la pesca. Cultivaban vides con cuyas uvas fabricaban un vino, que ellos Llamaban patrimonial o vino de la tierra, que debía de ser malísimo, muy flojo, porque cuando tenían ocasión y venia algún arriero con sus mulas con vino de Castilla lo compraban rápidamente. Realizaban intercambios comerciales con los pueblos de los alrededores -Isla, Castillo, Argonos, Santona, etc. El que aquí cultivaba patatas, pimientos, caricones, o tenia huevos, o quesos hechos por ellos, o pescado, los llevaban a esos lugares y los cambiaba por carne o por otros productos que aquí no tenían. También comerciaban con las embarcaciones que llegaban a las rías de Helgueras y Quejo, que buscaban, sobre todo, nuestras naranjas, limones y madera. En la siguiente época, en la Edad Moderna, ya vemos a Noja formando parte de la Junta de Siete Villas, que por raro que parezca estaba formada por nueve lugares, no por siete como su nombre hace pensar. Estos eran: Isla, Arnuero, Castillo, Ajo, Bareyo, Güemes, Meruelo, Soano y Noja. Esta Junta y las de Cesto, Voto, Ribamontan y Cudeyo, eran parte del territorio de una antiquísima merindad. ALa TrasmieraA

El pueblo, como hemos dicho, se gobernaba a través de un concejo. Reunidos en el pórtico de la iglesia de San Pedro, porque no tenían un edificio de ayuntamiento como hoy, los hombres de Noja se ponían de acuerdo y escribían sus Ordenanzas en las que se dictaba todo lo relacionado con los pastos, montes, dehesas, cultivos, matanzas de animales, comercio, nombramientos de procuradores, regidores, etc., y de lo que cada uno de ellos tenía que hacer. La máxima autoridad era el Procurador, pero por encima de el estaba el Alcalde mayor de la Junta de Siete Villas, que era nombrado por un representante del rey en esta zona, llamado Corregidor, que residía en Laredo.

El lugar de Noja, entonces se llamaba así, solicito al rey Felipe IV el poder nombrar sus propios alcaldes entre sus vecinos para que no mandase en ellos los alcaldes de Siete Villas, porque, como no eran nojenos, aprovechaban cualquier oportunidad para sancionar o multar las faltas más tontas que cometían y, de esta forma, recaudar dinero. El 9 de marzo de 1644, Felipe IV concede a este pueblo la merced de la vara, el llamado "privilegio de vara o de villazgo" (por la vara de alcalde y por la categoría de villa). Esto les permitía poder nombrar sus alcaldes y llevar las riendas de su propio gobierno, es decir, gobernarse a si mismos, igual que se nace ahora, sin depender de la Junta de Siete Villas. Además, Noja recibía el titulo de villa. En esta época la vida diaria en la nueva villa seguía siendo igual: cultivo de los campos de cereales, de las huertas, del ganado, practica de la pesca y poco más. La mayoría de los nojenos eran propietarios de las tierras que cultivaban. Si no lo eran, tomaban las ajenas en arrendamiento o alquiler. Aun aquellos que ejercían sus oficios fuera del pueblo -canteros, campaneros, retablistas- cuando regresaban se dedicaban al cultivo de sus campos y al cuidado de su ganado. La mayoría de la población vivía una vida de austeridad, muy humilde, sin lujo ninguno, con lo imprescindible y, en ocasiones, podía rozar la pobreza. Muchos son los personajes nojenos que destacaron en esa época. Escultores, canteros, oficiales de la Santa Inquisición, caballeros de la Orden de Santiago, colegiales de la Universidad de Salamanca, canónigos en Cartagena de Indias, abogados de los Reales Consejos, marinos y militares, como el capitán Pedro de Venero, que envió dinero desde América para fundar la primera escuela que tuvo Noja.

El más conocido de todos es Luis Vicente de Velasco e Isla, nacido en Noja, en la casa-torre que todos conocéis, en los primeros días de febrero de 1711. Desde los quince anos, su vida estuvo dedicada enteramente a la Marina. Participo en hechos militares importantes. Combatió contra navíos ingleses en el Caribe. Con el barco que mandaba, el Reina, escoltaba y protegía de los piratas a las flotas de navíos espanolas en aquellos mares. Este capitán de navío fue comandante del castillo del Morro en La Habana durante el ataque ingles que tuvo lugar el ano 1762. En el asalto final al castillo, el 30 de julio, recibió un balazo en el pecho. No fue una herida mortal, ya que no le afecto ningún órgano vital, pero las condiciones sanitarias del momento no pudieron evitar que falleciera al día siguiente, victima del tétanos.

A partir de 1808 entramos en la llamada Edad Contemporánea, en la que la vida cotidiana no sufrió grandes variaciones hasta que no se produjo el auge del turismo, casi a finales del pasado siglo XX. Estamos hablando de una sociedad cuyo ritmo de vida muchos hemos conocido. El trabajo intenso de hombres, mujeres y ninos en las huertas propias, y en las ajenas como jornaleros, de sol a sol por un mísero salario.

Había mujeres que se dedicaban a vender por los pueblos los productos de las huertas y el pescado que los hombres habían capturado. Con una caja en la cabeza iban andando hasta Arnuero, Meruelo o santona. Las ventas eran escasas porque no había casi dinero en ningún lugar. Esa falta de dinero obligaba a los vendedores, en la mayoría de las ocasiones, a intercambiar sus mercancías por otras. En pleno siglo XX, marchaban diariamente filas de carros hacia la plaza de abastos de santona -aunque los días que mas se vendía era los sábados-, con carpanchos cargados de patatas, alubias blancas, caricones, lechugas, puerros, vainas, repollos, berzas, huevos, higos, ciruelas, cerezas, caracoles, nueces, quesos frescos, centollos, cámbaras, como aquí se llaman, abacantos, bogavantes, pulpos, cabrachos, jibias, etc., y regresaban con tocino, harina, huevos, aceite y otros productos. Muchos eran los cestos de caracoles que iban a esos mercados en la época de Navidad. Caracoles que se habían empezado a recoger a finales de agosto y se mantenían hasta su venta en un cuarto oscuro lleno de ramas de laurel.

Durante los primeros cincuenta anos del siglo pasado, en la temporada del bocarte, muchos nojenos cruzaban el Brusco andando y acudían a las fabricas de Santona a descabezar, por un jornal de 3 pesetas el día completo. Marchaban por la manana, comían lo que habían llevado de casa por el muelle y regresaban por la misma ruta al atardecer.

Entonces, la mayoría de la gente cultivaba maíz, pues en la época anterior no se conocía su cultivo en Espana. De el se sacaba la harina de borona para hacer las tortas que sustituían al pan blanco hecho con harina de trigo, ya que este era un lujo que la mayoría no podía comprar. Cuando se desgranaban las mazorcas dejaban unos pocos granos en el tazón o parte inferior de la panoja, para dárselo a las vacas junto con el resto de la planta, picada en trozos pequenos. También a las gallinas las alimentaban con maíz. Así que llego a ser un producto básico, imprescindible. Se puede decir que Noja entera era un maizal.

Se trabajaba mucho y duro en el campo. Cuentan que hasta las ninas menores de once anos movían el braban o arado como si fuera una pluma y eso que era todo de hierro y pesaba mucho. En realidad era un pueblo pobre. Los mayores dicen que era el mas pobre de los alrededores, porque era el que menos ganado tenia. Pero hambre no pasaban, simplemente necesidad. Todo el mundo tenía lo fundamental: Leche, alubias, patatas, lechugas, cebollas, repollos, tomates y la borona para hacer el tortuco. Además, la gente sacaba dinero de donde podía: de la caloca, las patatas, el maíz, los productos de la huerta, el pescado, las vacas, etc. En las noches de invierno, cuando todos regresaban a sus hogares, mientras los abuelos asaban castanas, patatas o mazorcas al fuego, el único entretenimiento que tenían era contar cuentos a los pequenos o charlar con los vecinos un rato, pues la hora de acostarse era temprana para poder madrugar. En esos anocheceres se asustaba a los ninos con el Sacauntos y les contaban historias que ocurrían en los arenales de Ris. Al día siguiente todos iban a la escuela con la mente puesta en los relatos nocturnos, menos los pequenos de seis o siete anos que se quedaban en casa para que pudieran llevar las vacas A a pasear por ahí A La mayoría de las casas eran iguales. La cuadra al fondo, a un lado una habitación en la que dormía toda la familia y a continuación una cocina. En el piso de encima se encontraba el payo o desván, donde se guardaba la hierba seca. Los suelos eran de tierra. Otras, las menos pero las mejores, tenían la cuadra abajo y arriba todas las habitaciones. Entre el calor que daban los animales y las cocinas con el liar o fuego, no se pasaba frió. Se iluminaban con los candiles de petróleo, carbón y carburo. Estaban amuebladas con lo imprescindible. La mayoría carecían de un simple y sencillo aseo, y lo primero que se hacia por las mananas era llevar los orinales para vaciarlos en el calce, en el estercolero. Otras tenían en un rincón de la huerta dos pilastras y unas tablas, y las menos habían adosado una especie de armario en un hueco hecho en la pared de la cocina -situada por lo general en el piso superior-, con cabida para una sola persona, en el que había un asiento con un agujero en el centra para hacer sus necesidades. Estas caían libremente al huerto.

Hablemos ahora un poquito de los deportes que se practicaban. Los bolos era el tradicional. Tanto que en un pueblo tan pequeno había tres boleras. Cuando se juega al pasabolo, lo primero que hay que hacer es sortear quien tira primero. Eso se hacia entonces arrojando al aire una perra gorda o una perra chica, pero había algunos que tenían un duro de los antiguos, de los grandes, y les gustaba presumir. Al tirarlo sonaba mas que las otras monedas, y cuando alguien lo hacia todos se quedaban mirando para saber quien era el dueno de aquella fortuna.

Al igual que en la actualidad, se hacían concursos de bolos. Entonces el que se jugaba era el pasabolo losa a rudiabrazo o pasabolo trasmerano, cuyos jugadores en este pueblo tenían fama por su gran calidad desde mucho antes de nuestra Guerra Civil. Nombres como Agapito Carrera, Paco Azcona, Nun Viadero, Baltasar y Goyo Torre y Miguel Fernández el cojo, están en la memoria de las gentes por su buen hacer en este deporte en la década de los 30. No se quedaron a la zaga las generaciones posteriores de las que formaron parte hombres como Máximo Carrera, Juan Hazas, Bernabé Hoya, Agapito Viadero, Pedro Alonso el viejo, Pedrin Castaneda y Tiaguin Maza.

El primer equipo de fútbol que hubo, después de la guerra, fue el llamado el Brusco de Noja. El campo antiguo estaba en la zona de la marisma y por allí pasaba la línea de alta tensión que bajaba de Helgueras. Ponían una de las porterías clavada en uno de los postes de la luz, pero coincidía que en el medio del campo había otro y mas de uno término estampándose contra el cuando iba corriendo, entusiasmado por el juego. Un día, de un balonazo, rompieron el cable y tuvieron la fortuna de que no les ocurriera nada, pero no sucedió lo mismo con dos o tres vacas que estaban pastando y que cayeron fulminadas en el momento. Al equipo que les sucedió ya les dio la Federación un atuendo completo: botas, rodilleras, medias, camisetas y pantalones. Noja y Castillo se llevaban a matar. Cuentan los mayores, que cierto día el Socaire regalo una copa y ambos equipos compitieron para ver quien se la llevaba. El campo estaba lleno. Se jugaba en el prado que había detrás de las escuelas. La portería no tenia redes y los de Noja dicen que los de Castillo estaban empenados en meter al portero con balón y todo dentro. Es decir, que el balón atravesara la portería de lado a lado, puesto que no había red que se lo impidiese, y el portero con el. Uno de los nojenos agarro una estaca y empezó a dar estacazos a diestro y siniestro, y los demás siguieron su ejemplo. Hasta a la Guardia Civil le toco cobrar. Sobre todo a uno de ellos, que era de Solorzano, al que de un punetazo lo mandaron a la huerta de la difunta Generosa. Los que no sacudían, les pisaban los tricornios. No se respeto a nadie. Fue una pelea gordísima y muy sonada. De allí salieron heridos. Pero fue una pelea del público, pues los jugadores ni se movieron. El partido, lógicamente se suspendió y la copa se quedo en Noja porque iban ganando ellos cuando todo comenzó. Lo cierto es que cuando había partido Noja-Castillo o Castillo-Noja siempre salían a pedradas.

A principios de los anos 60 comenzaron algunos nojenos a participar en las regatas que tenían lugar en la propia Noja, en la zona de los viveros, y en Escalante, Santona e Isla. Estuvieron unos pocos anos compitiendo, ganando en varias ocasiones, pero luego este deporte cayo totalmente en el olvido por falta de remeros.
Para finalizar, diremos que el personaje mas destacado de la Edad Contemporánea fue el padre Pedro López de Moncalean. Fraile franciscano nacido en el barrio de Palacio el 27 de noviembre de 1816. Le toco vivir la época del cierre de conventos en Espana, por lo que decidió emigrar a Italia. Allí paso por distintos conventos, y termino sus días en Marcasso (Córcega), donde murió el 25 de marzo de 1898. Los caminos de Marcasso se vieron surcados por los peregrinos que acudían a contemplar los restos mortales del que era considerado y venerado como santo.

MARIA LUISA DE VITORIA
Centro de Estudios Montaneses